Radicales libres

 


Los radicales libres son partículas muy reactivas que se forman naturalmente en el organismo, por ejemplo, cuando las células utilizan el oxígeno para obtener energía. Tienen un electrón sin pareja, lo que facilita que reaccionen con otras moléculas. En cantidades controladas cumplen funciones útiles; en exceso pueden dañar las células.

 

Podemos imaginarlos como chispas dentro de un taller: forman parte del trabajo, pero necesitan control.

 

Algunos ejemplos de su función:


Ejemplo

¿Qué ocurre en el organismo?

Combatir una infección

Las células de defensa producen radicales libres y otras sustancias reactivas para ayudar a destruir microorganismos.

Adaptarse al ejercicio

Su producción moderada participa en señales que ayudan a los músculos a adaptarse al esfuerzo.

Regular la circulación

El óxido nítrico, que es un radical libre, ayuda a relajar y dilatar los vasos sanguíneos.


Estas funciones muestran que el organismo también los utiliza como herramientas de defensa y comunicación. 

¿Cuándo aparece el problema? Cuando se producen más de los que el cuerpo puede controlar con sus defensas antioxidantes. Ese desequilibrio se llama estrés oxidativo y puede afectar las membranas celulares, las proteínas y el ADN. El humo del cigarrillo, por ejemplo, favorece esa sobreproducción.

Los antioxidantes ayudan a mantener el equilibrio. El cuerpo fabrica algunos y obtiene otros de los alimentos, como las vitaminas C y E. Por eso, la meta es mantener los radicales libres bajo control: eliminarlos por completo también quitaría funciones necesarias para la vida. 

 

 

Radicales libres

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